Petróleo e Inflación Noviembre

El dato de IPC de Noviembre no fue uno que nos sorprendiera. Nada que ver con ese IPC de Octubre de 1%, una cifra que no estábamos acostumbrados a ver en un sólo mes. Lo de noviembre se veía venir. En parte es buena noticia: es la confirmación de que la economía chilena no estaría enfrentando una estanflación. La actividad cae (o se desacelera), y los precios también. De hecho, el 0% de IPC Noviembre está dentro de las proyecciones que había realizado el mercado (en lo personal tengo la idea de que más augurios de un número negativo se habían realizado, pero claramente resultó dentro del rango de estimaciones). No obstante lo anterior hay un elemento que podría distorsionar esta idea, y sobre el que hay que prestar especial atención: el precio del crudo.
Hoy el petróleo WTI se tranzó en algo más de 54 dólares, acercándose a los mínimos registrados durante la peor parte de la crisis subprime. Lo anterior, junto a otras consideraciones más bien microeconómicas (respecto a la elección de producción de los productores) y en línea con las estimaciones de los centros de análisis de JPMorgan, Barclays, Credit Suisse, Itaú y Larraín Vial, entre otros, hacen pensar que este valor estaría cerca de un mínimo. De hecho, Larrain Vial fijó en USD 64 y USD 69 sus estimaciones para el precio del crudo WTI para 2015 y 2016.

La caída en el precio del crudo impacta en la inflación por la vía en la caída del precio de la bencina -un componente en cualquier índice IPC, y por la caída en los costos de producción de otros bienes y servicios. En el caso chileno, si bien el MEPCO aún no refleja la totalidad de la caída del crudo en los precios de las bencinas, estas si han registrado importantes variaciones. Respecto al impacto en los precios de otros productos por la vía de menores costos, es muy probable que estos impactos ya estén siendo internalizados o los vayan a estar en la medida que el MEPCO actúe sobre el precio de las bencinas en Chile. De cualquier manera, parece razonable pensar que el mayor impacto del cataclismo en el precio del petróleo ya se ha hecho ver, y aunque es probable que sigamos viendo informes de IPC observando una alta incidencia del efecto de la caída en el petróleo, este efecto vaya decreciendo con unos pocos meses.

El ánimo de este post es no aliviarse con la caída en la inflación, ya que hay motivos para pensar que esta podría ser temporal. A modo de ejemplo: si quitáramos del índice IPC 2 de los 20 productos con mayor impacto, la gasolina y el gas natural licuado, tendríamos que el IPC de Noviembre sería algo superior a 0,2%.

ipc ipcx comb

No estamos sugiriendo la idea de que enfrentamos una estanflación, pero no cabe duda de que efectivamente hay motivos para estar alertas con respecto a la inflación y sus componentes. Como se observa en el gráfico, el IPC de los combustibles (verdes) se ha mantenido en el último año muy por sobre el IPC y el IPCX (subyacente, elimina productos más volátiles, dentro de ellos los combustibles). Más reducciones en el precio de los combustibles en Chile a medida que el MEPCO siga operando, junto con un panorama que pareciese prometer un petróleo de bajo precio al menos por los próximos dos años, nos sugieren de que el efecto en el IPC de los combustibles es algo digno de observación atenta en cada entrega mensual del INE. Un último dato para ilustrar este punto: el IPCX, que descarta combustibles y vegetales frescos de la canasta, registró en noviembre un aumento no despreciable: 0,3%

Dolar e Inversión: Más limitaciones a la capacidad de la TPM

La tasa de política monetaria (TPM) es la tasa a la cuál el Banco Central presta dinero a bancos e instituciones financieras para cubrir déficits cortos, de algunos días por lo general. Históricamente ha sido el instrumento de política monetaria por excelencia, siendo capaz de regular los ritmos de consumo e inversión y con ello los ciclos económicos. Sin embargo, como revisamos en el post anterior, surgen señales que sugerirían limitaciones importantes a la capacidad de futuras intervenciones en la TPM para ayudarnos a suavizar este bajón económico. Conversamos sobre la inflación y el tipo de cambio, pero al parecer la historia no se detiene ahí.

Los efectos de la disminución de la tasa de interés sobre el tipo de cambio podrían ser lo suficientemente potentes como para retardar el flujo de importaciones, pero no sólo de importaciones de bienes de consumo  (durables y no durables) y de bienes intermedios. También (y mucho más alarmante), el ingreso de bienes de capital.
Recordemos que en economías en vías de desarrollo como la chilena, la capacidad productiva depende fuertemente de la importación de bienes capaces de generar producción (bienes de capital), debido a la inferioridad de las tecnologías desarrolladas domésticamente.
El gráfico muestra la evolución de las importaciones de bienes de capital desde octubre de 2012 -pocos meses después que la economía chilena mostrara sus primeras señales de desaceleración- hasta la fecha, junto con la evolución en en el tipo de interés de los bonos del Banco Central de 1 año de maduración.

 

La situación es especialmente preocupante si consideramos que actualmente la TPM se encuentra en 3,75%, una nueva caída se nos viene seguro en la próxima reunión de política monetaria, y consideramos que el mercado espera que este año la tasa no supere el 3%. A medida que la desaceleración se profundiza, más argumentos tenemos para esperar del Banco Central una actitud agresiva en cuánto a tasa de interés.
Como muchas cosas en economía y finanzas, un tipo de cambio alto tiene dos caras: las de los beneficiados y la de los perjudicados. La competitividad de las exportaciones chilenas se verá muy beneficiada, aumentando la producción y actividad de ese sector. Sin embargo, en mi opinión, la reducción en las importaciones de capital debiese estar en el centro de la atención de las autoridades económicas y monetarias. Un tipo de cambio alto puede sacar sonrisas a exportadores, pero si las importaciones de capital siguen acompañando al interés del ente emisor en su racha a la baja, probablemente estemos sacrificando crecimiento futuro en cantidades difíciles de compensar.

Oh, y ahora, Quién Podrá Defendernos? Eres tú, TPM?

Hoy tuvimos dato de inflación: 0,2%. En los últimos años, los datos de inflación no han sido gran noticia y ni siquiera nos han preocupado demasiado: desde el 2010 vivimos tiempos de estabilidad financiera y macroeconómica, pero hoy el panorama es distinto. Desde octubre del 2012 comenzamos a ver las primeras señales de una desaceleración que, a medida que pasa el tiempo, se augura más y más profunda. Con todo, el Banco Central ha tenido que salir a incentivar el consumo y la inversión -fuertemente deprimida por un bajo precio del cobre, producto de una menor demanda en Asia- presionando a la baja la tasa de interés. Desde inicios de este año los recortes en 25 puntos base se han vuelto algo recurrente, y en cerca de un año hemos pasado de un 5% al 3,75% actual, aunque con la cautela suficiente como para no presionar más de lo debido la inflación. Aunque el rango meta de largo plazo del Banco Central es 3%, lo único claro es que este año esa cifra será muy sobrepasada. Lo que no está claro es ¿Cuánto?

Pero la inflación no pareciese ser nuestro único problema, o siquiera el más grande. Como economía emergente y, con un mercado financiero bastante desarrollado si se la compara con otras similares en la región, los cambios en las tasas de interés domésticas condicionan poderosamente los flujos de capitales financieros, y con ello el tipo de cambio. El gráfico muestra la evolución de las inversiones financieras internacionales en Chile (pasivos financieros) junto a la evolución en el tipo de cambio.
La extraordinaria apertura económica nacional, que es probablemente uno de los pilares de nuestra notable estrategia de crecimiento, muestra a veces un lado negativo, como todas las cosas en la vida. Un tipo de cambio elevado nos expone a una inflación elevada, así como a otras consecuencias macroeconómicas y financieras sobre las que espero reflexionar más profundamente en un próximo post este domingo o lunes. No obstante posibles ramificaciones del problema del tipo de cambio o de posibles soluciones al mismo, pareciese que más temprano que tarde hemos de llegar a un punto en que la política monetaria por sí sola no sea capaz de hacernos más llevadero este bajón económico sin implicar importantes trade-offs con aspectos como la inflación.
Quiero terminar este post con esa breve reflexión: la capacidad de la política monetaria para acelerar la economía chilena es limitada, y si queremos pasar esta parte baja del ciclo de la mejor manera posible, es muy sensato pensar que puros recortes de TPM no sean suficientes.

¿Está listo el mundo para un retiro de los estímulos?

Y con “estímulos” me refiero, por supuesto, al programa QE3 de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que desde inicios del 2013 ha estado inyectando más de 85 mil millones de dólares mensuales al sistema financiero mundial a través de la compra de bonos. Era primera vez en la historia que un Banco Central intervenía de manera tan violenta para mantener bajas las tasas de interés y no destruir la inversión, el consumo y el empleo en los Estados Unidos y el mundo entero. Y como todas las “primeras veces”, nunca sabes qué es lo que puede pasar. En un mundo que ha visto lo peor de lo peor, y después de una crisis financiera devastadora, muchos economistas tendieron a ponerse en el peor de los escenarios. Algunos inversores aún temen sobre las repercusiones que podría traer a las tasas de interés del sistema financiero -sobretodo de economías desarrolladas- el retiro de los estímulos. Y con la tasa de interés, por supuesto, arrastrar consigo la inversión, el crecimiento y la generación de empleo, no sólo de economías desarrolladas, si no que de todo el planeta. La pregunta era ¿Es el QE3 una morfina que nos mantenía alejados del dolor, pero que las causas que lo provocaba seguían ahí, tan latentes como antes, y se dejarían caer sobre la salud de la economía mundial cuando el programa se destapara? Tal vez puse en esas líneas algo más de poesía de lo que la ciencia económica y financiera necesita, pero la verdad es que los temores siguen vigentes. Probablemente nadie espera un shock al nivel de lo que vimos a fines de 2008, pero si uno para recordar. Sin embargo, la FED ya ha estado quitando gradualmente el programa QE3, a través de reducciones permanentes en la compra mensual. 10 mil millones de dólares se han dejado de comprar en bonos cada vez que la presidente de la Reserva Federal hace un anuncio público.
De los 85 mil millones de inicios de 2013, Abril abre fuegos con compras programadas de 55 mil millones. Un 35% menos que hace poco más de un año. Este es el tercer recorte de 10 mil millones. El primer recorte se anunció para Enero 2014, el segundo para Febrero 2014 y el último para este mismo mes. Con tres recortes, ya tenemos algo de historia sobre la que basarnos.

El gráfico muestra la evolución de las tasas a mediano plazo (5 años) libre de riesgo (US Treasury) y del índice accionario S&P 500 desde inicios de año al día de hoy. Incluso con una reducción de 35% en el programa QE3 en los primeros cuatro meses del año, no hemos experimentado un aumento en las tasas libres de riesgo, y el mercado accionario pareciese bastante inmune, con un S&P500 marcando records. ¿Podemos estar seguros de que lo peor ya pasó y estamos listos para seguir retirando este sedante? Los mercados de renta fija parecen tener tasas estables en las economías desarrolladas, y mercados accionarios con buen desempeño, también en el mundo desarrollado. Probablemente sea hora de repensar la real influencia que el programa QE3 tenga en el desempeño de los mercados financieros desarrollados. Estados Unidos, Europa y China tienen previsiones de crecimiento que se alejan bastante de su potencial. Para que decir Chile. El precio de los commodities por una menor demanda china nos tiene más alejados de nuestro potencial que otros países del mundo. Con todo, problemas hay. Pero a la luz de lo que ha estado ocurriendo, pareciese ser que la FED puede seguir retirando estímulos, del momento que observamos que al menos hasta ahora, estos retiros, no han permeado negativamente a los mercados financieros.

Peligros en Eliminación del FUT

Ya son sólo días los que nos quedan para la (nueva) asunción de Michelle Bachelet (y la Concertación + Partido Comunista) al poder, y hay que poner ojos no sólo en las variables macroeconómicas externas y monetarias que afectan las fuentes y usos de financiamiento, ahorro e inversión, si no que también que novedades nos puede traer este nuevo gobierno. Yo comencé a estudiar Ingeniería Comercial con el presidente Piñera recién asumiendo: he aprendido economía, negocios y finanzas en un país bajo su mandato. Tal vez mirar las más emblemáticas promesas de campaña de Bachelet pueda darnos un buen pronóstico de lo que podemos esperar en este sentido. Dentro de ellas, una llama poderosamente mi atención (y preocupación): la eliminación del FUT.

Creado en 1984, el FUT demostró el impacto que podían tener las reformas tributarias: no sólo podían incentivar/desincentivar el consumo y producción de bienes y servicios. También podía significar abrir nuevas opciones de financiamiento a empresas. En una época de crisis financiera, con un sistema bancario quebrado, el FUT posibilitó a las empresas reinvertir las utilidades de ejercicios anteriores en la empresa sin pasar por el pago del Impuesto Global Complementario, significando un estímulo importante al auto-financiamiento en una época en que era muy difícil conseguir financiamiento de terceros. Hoy la situación es distinta: el sistema financiero chileno es estable y profundo, y ofrece una gama importante de opciones. Sin embargo, no es perfecto o lo suficientemente profundo. Las empresas pequeñas (que, dicho sea de paso, demandan cerca del 80% de la fuerza de trabajo en Chile) aún tienen muchas dificultades para acceder a financiamiento, aún cuándo tengan cierta antiguedad (para que hablar cuándo se trata de proyectos por estrenar). Muchas veces sus dueños deben recurrir a créditos de consumo u otros instrumentos de financiamiento personal para financiar sus proyectos de inicio o ampliación, viéndose obligados a hipotecar bienes personales y, lo que es peor, enfrentar tasas de financiamiento que no se condicen con que es esperable para una empresa. Las tasas anuales para préstamos pequeños (<5.000 UF) pueden superar el 30%, mientras que grandes empresas que emiten bonos corporativos por cientos de miles de UF pueden acceder a tasas que van desde 2,1% (si, menor incluso que la TPM o un BCP) hasta 8,2% (TIR media para bonos de MASISA, una empresa que ha mostrado problemas en sus proyectos más recientes). 30%! No hay forma de crecer de forma financieramente sustentable con tasas en ese nivel. Es por ello que “la bendición del apalancamiento” es una verdad en finanzas, pero bajo ciertas condiciones. Normalmente las PYMES rara vez pueden acceder a tasas (o si quiera concesiones) de crédito que permita que el apalancamiento sea una verdadera estrategia de financiamiento.
Con todo, para ellas, el FUT sigue siendo una herramienta valiosa que les permite ahorrar para poder reinvertir sus utilidades y acceder a (al menos un poquito) de financiamiento con un costo razonable, ya que nuestro sistema financiero aún no es capaz de entregar soluciones para sus necesidades.
La Sra. Bachelet ha sido algo ambigua en sus declaraciones al respecto hasta ahora: se sabe que la reforma tributaria (de la que una de sus medidas es la eliminación del FUT) será enviada al congreso durante los primeros cien días, pero son muchas las interrogantes: ¿Qué pasará con lo fondos ya retenidos bajo el sistema? y más importante que ello: ¿Será una ley que afecte a todas las empresas, sin importar su tamaño o posibilidad actual de acceso a financiamiento?
Este gobierno no tendrá la suerte de iniciar con un panorama macroeconómico favorable, hemos hablado de ello. El desempleo ya ha comenzado a mostrar señales de alza, el cobre ya se encuentra en niveles bastantes más bajos que hace pocos meses atrás (y con proyecciones poco alentadoras) y las proyecciones de crecimiento se corrigen a la baja con preocupante velocidad. Es muy probable que muchos pequeños empresarios estén contando con el ahorro de sus utilidades para hacer frente de mejor manera a un escenario más adverso en materia de ventas, costos y acceso al crédito. ¿Les vamos a quitar este importante subsidio a la inversión?
No tengo un conocimiento exacto y medible de qué tan importante sea el subsidio FUT a la inversión para la supervivencia de PYME’s, para la Inversión global o su impacto positivo sobre la generación de empleo. Lo que sí tengo clarísimo es que ese impacto, tenga el tamaño que tenga, es positivo, sobretodo sobre la generación de empleo.

¿Qué Podemos Esperar del Dólar para este Año?

En una economía tan abierta como la chilena, siempre vale la pena detenerse un segundo a pensar en el rumbo que pueden tomar los factores que inciden en el tipo de cambio. La amplitud económica de la última década ha hecho que el valor del dólar tenga cada vez más relevancia en el costo de la vida en Chile, así como en el destino que tomarán los flujos de inversión de agentes importantes como las AFP, cuyos montos invertidos superan el 108% del PIB chileno.
Cuatro factores afectarán de forma significativa lo que podemos esperar del tipo de cambio este 2014

  • Tasa de interés nacional, TPM
  • Tasa de interés internacional (especialmente U.S.A. y luego Euro y Japón)
  • Precio del cobre
  • Liquidez internacional (para inversiones financieras extranjeras)
Si bien siempre hemos sabido que en Chile el tipo de cambio está fuertemente atado al precio del cobre, no es mucho lo que podemos decir sobre su evolución, más que no hay motivos para esperar que suba por sobre los 3,2 USD/libra actuales, todo lo contrario. Vale la pena recordar que el presupuesto 2014 fue elaborado con un precio a largo plazo de 3,04 USD/libra. Sólo 16 centavos nos separan de la proyección de precio del cobre para la elaboración del presupuesto 2014, lo que equivale a sólo un 5% de su precio actual. Pero ese es un huevo de otra canasta, un problema que pertenecería a un post con otro título. En definitiva, no hay motivos para esperar un incremento sustantivo en el precio del cobre, si no todo lo contrario, como se ha dicho.
Respecto al interés internacional, la Reserva Federal norteamericana acaba de escoger a un nuevo líder, una mujer, Janet Yellen, quién se ha mostrado cauta respecto a retirar los estímulos monetarios del programa QE3 en Estados Unidos. Sin embargo (al menos hasta donde sé), la FED durante esta nueva administración no ha entregado una declaración oficial respecto al término del programa. Hay que recordar que el año pasado, Ben Bernanke había dado luces de que el programa podía ver su fin a mediados de este año. Como sea, es claro que la relajación cuantitativa no puede durar por siempre, y las presiones políticas en Estados Unidos indican que el QE3 es algo que podemos dar cada vez por menos seguro.
Una relajación de la actual relajación cuantitativa (suena mucho más relajado de lo que es) haría retomar el camino al alza de las tasas de interés en Estados Unidos, al mismo tiempo que disminuiría la liquidez para inversiones riesgosas por parte de los agentes de inversión. Me refiero específicamente a inversiones de tipo “carry-trade”, consideradas riesgosas, florecieron durante la época de mayor relajación cuantitativa aprovechando la sinergia de un alto diferencial de tasas y tipo de cambio que se apreciaba, sobretodo en economías emergentes como Chile.
Un inminente fin -o disminución- de los programas de relajación cuantitativa revertiría esta situación. Un aumento en las tasas norteamericanas disminuiría los flujos de capitales a economías emergentes, sobretodo si sus monedas dejan de apreciarse dinámicamente como lo hacían hace poco.
Una forma de responder a esto y de incentivar la entrada de capitales financieros con la esperanza de detener la depreciación del peso frente al dólar es que el Banco Central siga disminuyendo la tasa de interés. ¿Pero hasta qué punto estarán las autoridades monetarias dispuestas a hacer eso?
No tenemos idea de cuánto o qué tan rápido pueden subir los intereses en Estados Unidos. Ni siquiera sabemos si esto efectivamente ocurrirá, ya que no hay certeza alguna respecto al retiro de los programas QE y aún que la hubiese, este nivel de inyección de dinero no tiene precedentes en la historia. Tampoco me atrevería a aventurar juicios respecto a las decisiones del Banco Central en relación a seguir moviendo la TPM.
Una cosa es cierta: en este año que recién comienza, todos los engranajes parecen apuntar hacia un tipo de cambio cada vez más alto, con todas las consecuencias económicas que ello trae.

El Negocio de la Educación Superior

Cuándo el 2011 el movimiento estudiantil comenzó con sus proclamas, quiero recordar que el eje del asunto era el acceso al financiamiento de la educación. De hecho, los primeros en manifestarse, aquellos que “encendieron la mecha” fueron un grupo de “endeudados por la educación”, quejándose de ser portadores de “una enorme mochila”, constituida por sus deudas para poder estudiar. Pronto la discusión se distanció de los argumentos económicos y financieros. Es más, se alejó de argumento alguno, para transformarse en un conjunto de reivindicaciones rabiosas, de las cuáles líderes políticos oportunistas sacaban provecho para conseguir su cuota de poder. Es una verdadera lástima que la discusión se haya alejado de la ciencia económica y financiera. Hoy asuntos como el fin al lucro, la gratuidad, entre otros, ya no admiten si quiera discusión o revisión para muchos, y se han transformado en objetivos ideológicos. No importan las consecuencias económicas o el real bienestar social que puedan traer. Se exigen con rabia, y punto.
Es en esta discusión en la que quiero explicar por qué en mis ojos no corresponde que en Chile la educación superior sea gratuita. No aún, al menos.
¿Es la educación un derecho o un negocio? En mi opinión, no hay motivo por el que no pueda ser ambas cosas. Es un negocio. Pero no sólo es un negocio para quién la ofrece (si, en Chile hay universidades que evidentemente lucran. Laureate International, una empresa con fines de lucro, reporta en sus estados anuales los grandes aportes de la UDLA y UNAB, dos universidades chilenas de su propiedad), es sobretodo un negocio para quién la recibe. Educarse es un negocio. De hecho, cuándo accedemos a estudiar una carrera universitaria, lo hacemos con la expectativa de que mejore nuestro ingreso a si no lo hiciéramos (aunque, desde luego, esta no es la única variable que tomamos en cuenta para decidir). Prueba de ello es el comportamiento de la demanda por carreras en nuestro país. Como alumno de la Universidad San Sebastián, este es tercer verano seguido que participo del proceso de admisión, desde donde puedo observar de cerca la realidad de la demanda por educación superior tanto en nuestra universidad como en el país entero. No es casualidad que carreras con rentas en rápido aumento en los últimos años y alta empleabilidad, como enfermería u obstetricia, acaben sus cupos con la mayor velocidad. Probablemente muchos alumnos no hayan visto nunca estadísticas laborales o hayan ingresado para investigar en mifuturo.cl, pero su comportamiento es tremendamente racional al momento de “consumir educación superior”, y siempre se inclina a preferir carreras con un mejor nivel de ingresos y empleabilidad.
Pero educarse tiene sus costos. Y los pague el alumno o el estado con fondos públicos, el dinero va a salir de algún sitio. Si los paga el estado, lo hará contra la utilización de esos fondos en otras áreas, como salud. Si los hace el alumno, probablemente lo hará contra sus ingresos futuros.
Recibir quimoterapia de un hospital público probablemente no es un buen negocio. Pero es una obligación ética del estado: no podemos abandonar a nuestros enfermos sólo porque sanarlos no constituya un buen negocio. Recibir educación, lo es. Pero ¿Es realmente un tan buen negocio? La respuesta es si, en Chile lo es.
En los últimos 30 años se ha multiplicado por diez la cantidad de estudiantes en la educación superior en Chile. El país se ha desarrollado también, demandando servicios cada vez más profesionalizados y mano de obra más capacitada para ello. Con todo, el actual mercado laboral en Chile sigue permitiendo (y lo seguirá permitiendo por mucho tiempo más) que educarse en una universidad sea un buen negocio.
Según el Informe Anual de Remuneraciones y Costos Medios del INE, el 2009 un profesional no directivo ganaba un promedio de $1.074.857, mientras que un empleado de oficina (la categoría del INE con mayor nivel de renta para un no-profesional) recibía $455.434 (cifras a Diciembre 2009).
Haciendo un simple ejercicio de matemáticas financieras se puede demostrar que es un muy buen negocio educarse en la universidad en Chile.
A lo largo de la vida de una persona su sueldo aumenta y disminuye. Si asumimos que la brecha entre el sueldo profesional y el de empleado de oficina se mantiene constante (un supuesto bastante conservador), el valor actual de esa brecha, suponiendo 40 años de vida laboral y una tasa de descuento de un 10% llega a cerca de $73.000.000, muchísimo más de lo necesario para estudiar una carrera universitaria.
El ejercicio realizado es un poco burdo y muy poco científico, sin duda podría realizarse con mucha más seriedad y pulcritud, utilizando proyecciones de ingresos más realistas y una tasa social de proyecto mucho mejor calculada. Pero evidencia la existencia de un gran valor económico en el estudio de una carrera universitaria.
Es la evidencia de este valor económico agregado en la educación superior lo que interesó a la banca privada para entrar en el negocio de financiar carreras universitarias. En un país con un nivel de profundidad financiera adecuado, donde exista una oportunidad de financiar un proyecto, habrá un financista dispuesto a poner el dinero y competir por una tasa de interés. ¿Qué tiene de malo que ese proyecto sea la educación superior de una persona?
El sistema de acceso al financiamiento de la educación superior es perfectible. Dadas las condiciones económicas que ofrece Chile para su propia gente, creo que las tasas de endeudamiento se mantuvieron altas demasiado tiempo. Tampoco se hace una adecuada discriminación por tipo de carrera a estudiar. El riesgo implícito en estudiar teatro es mayor al riesgo implícito en estudiar ingeniería. Se podría argumentar que, de todas maneras, el país necesita actores y filósofos, aunque estén mal pagados. Puede ser verdad. La creación de mecanismos de subvención a esas carreras puede ser una solución. Lo que no es justo es que ese riesgo sea mal distribuido, haciendo a algunos pagar un interés mayor por su elección educacional.
Como sea, la invitación es a seguir el “tema educacional” desde la ciencia económica y financiera. Podemos utilizar sus herramientas para entender y construir un mejor futuro para Chile. Lo contrario es lo que algunos hacen hoy: enceguecerse en trincheras ideológicas, donde el bienestar ya no es materia de estudio y debate, y sólo se consigue acatando sus propios caprichos ideológicos.